El Caso Khodorkovsky, Atropello a los Derechos Humanos 

Alberto Auné

 

La dignidad del hombre ha sido violada por el Gobierno de Rusia, y la comunidad internacional debe reaccionar para evitar se repitan estos abominables hechos.

El 25 de octubre de 2003, hará pronto tres años, comenzó en Rusia una de las persecuciones políticas de mayor impacto en la sociedad y la economía, no sólo de ese país sino también del extranjero.
Sin embargo, la prensa internacional parece a veces ver este caso como algo limitado a los temas económicos o empresariales, cuando la realidad es mucho más profunda, ya que se han vulnerado derechos fundamentales del ser humano.

Ese día fue detenido el director ejecutivo de la empresa petrolera Yukos, Mikhail Khodorkovsky, para ser sometido a un juicio en el que se violaron elementales derechos de defensa.

Además de Khodorkovsky, fue condenado también el directivo de esa empresa Platon Lebedev.

El delito imputado era evasión impositiva, pero la realidad es que el director de Yukos se había convertido en un peligroso opositor político para el Gobierno ruso, y había que buscar su eliminación, sino física, al menos cívica.
También fueron demandados otros directivos, accionistas y trabajadores de Yukos, como Leonid Nevzlin, Mikhail Brudno, Vladimir Dubov, Alexey Pichugin y Svetlana Bakhmina.

Las condenas a Khodorkovsky y Lebedev, de ocho años de cárcel tuvieron un agregado tan especial como injustificable. Ambos tienen su domicilio en Moscú, donde también vive su familia, pero cumplen su sentencias el primero a seis mil kilómetros de su hogar y el segundo en un lugar cercano al Círculo Artico.
A este atropello a los derechos humanos se suma la reciente declaración judicial de quiebra de Yukos, privando no sólo a un país de la novena petrolera del mundo sino conduciendo a miles de personas a una situación de desempleo, además de perjuicios sociales y económicos que han afectado a miles de personas, como trabajadores de empresas proveedoras.

Esta breve síntesis es el comienzo de otras crónicas sobre esta dolorosa e injustificable situación.
No puede verse el caso Yukos como un hecho meramente económico o impositivo. Inclusive desde un punto de vista político, no hay causa para la crueldad con que han sido tratados los acusados.

La realidad es que Khodorkovsky y Lebedev son prisioneros políticos y como tales deben ser tratados por las autoridades de su país y reconocidos por la comunidad internacional.

Sus derechos humanos han sido violados y el atropello cometido compromete seriamente su salud y su dignidad.

Los medios de difusión, en su gran mayoría, se limitan a reproducir cables de agencias noticiosas que a su vez repiten comunicados oficiales, lo que lleva a un desconocimiento generalizado de la gravedad de esta situación.
El 3 de diciembre de 2003 un grupo de ciudadanos, sacudidos en sus fibras más íntimas por esta injusticia, en su mayoría rusos, creó el Grupo Sovest (“conciencia” en idioma ruso), que busca un nuevo y justo juicio, además del reconocimiento de su status de prisioneros políticos, su libertad bajo fianza y la urgente reubicación de ambos en un lugar cercano a sus hogares.

Estos ciudadanos sólo persiguen el objetivo de que se haga justicia, sin pretender nada a cambio, más que el respecto a los derechos humanos hoy conculcados.

Hoy, no sólo sufren ellos sino familias inocentes las consecuencias de despóticas decisiones elucubradas en lujosos despachos oficiales.

No demos la espalda a prisioneros políticos por el solo hecho de estar distantes de nosotros, hablar otro idioma, tener otra cultura y haber luchado con honestidad para un porvenir mejor para ellos y miles de familias, además de colaborar con el progreso de su país.

Si no se revierte la situación de Khodorkovsky y Lebedev, otros serán perseguidos y sus derechos humanos violados ante la indiferencia de la comunidad internacional.

Invitamos a leer, compartir y difundir estas crónicas, que buscan solamente ayudar a que seres humanos condenados injustamente vuelvan a vivir con dignidad y libertad en el país en que creyeron y al que dieron y darán lo mejor de sí.

No los dejemos solos; nuestro silencio sería la peor actitud ante su situación.

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